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Opinión
La derecha y la izquierda políticas frente al hecho de las bases militares en Colombia
¡Ahí lo tienen! Parece una tragicomedia. La derecha política viene de quejarse de que los EEUU han mantenido en el abandono a su “patio trasero” ─¡así piensa ella, incapaz de soberanía!─, mientras las fuerzas enemigas hacen estragos sobre sus intereses y crecen, es decir, mientras los pobres organizan su hambre y claman por un nuevo modelo político de vida. ¡Dios, qué descuido!
Y la izquierda ─¿qué ha venido pensando la izquierda?─ viene de quejarse de que el mundo se había olvidado de ella y de cualquier otro alto ideal por la especie humana, presuntamente abismada en el quiebre ideológico que proclamó Fukuyama cuando sentenció el fin de la historia y, en consecuencia, la plenipotencialidad del modelo único en el mundo, al grado tal que muchas “izquierditas” vivieron de la esperanza de que los EEUU desapareciesen por obra mágica algún día o que, rebosantes de comprensión humanista, se retirasen de los planos de poder para darle chance a ellas de ejercer sus incomprensible cartillas sin prácticos fundamentos de pueblo (ya sabemos: se les ha criticado un excesivo teorizar). Es decir, parecían soñar con acceder al poder de modo fortuito, mediante limosna ideológica o través de la conquista del poder sin fundarse en el apoyo cívico-militar, que es lo que manda la historia.
Unos preocupados por las desatenciones de los EEUU y otros por el olvido del mundo, reducidos los últimos a una especie de arropaje transcultural (las izquierdas existían como adornos de diversidad política de la “democracia”). Unos pidiendo más apoyo imperial para ellos seguir fungiendo como virreyes explotadores de pueblos y otros lanzando sus clamores de protesta al aire mundial. Pues, mal, “EEUU” versus “mundo” pareció ser una idea acariciada por la potencia altanera desde hace muchas décadas. Hollywood es su sudadero onírico (no lo digo quien escribe).
Lo demostraron con Irak cuando, contra la opinión mundial, lo invadieron; cuando hicieron de la ONU un cadáver institucional y pisotearon sus resoluciones, y desde que en todo momento la necesidad de mantener sus altos costes de vida los llevan a buscar bronca a diestro y siniestro dentro del sistema solar. ¿Tenía algún sentido clamar por la conciencia internacional, por la “presión” mundial, para contener al ogro, siendo que el ogro se figuraba el mundo mismo o por encima de él, y siendo que el resto de la humanidad parecía cruzarse de brazos? Por aquí la historia le labró el camino de fracaso a tanta gesta revolucionaria: mucha esperanza sin lucha, y mucha lucha sin pueblo, para no ahondar en detalles.
El liberalismo político es una doctrina de triunfo hasta la historia de hoy, si vamos al caso que gana quien se impone sobre otro, independientemente de su condición moral. Como no siempre gana el “bueno”, tampoco pierde el “malo”. Mucho se dice que si los nazis hubieran establecido su imperio de los mil años, otra hubiera sido la historia; y está el clisé, además, de que quien gana escribe la historia.
La derecha política, con su viejo resuello de ansiedad imperial, ha marcado la pauta en el mundo, y no es difícil conocer de sus razones: individualismo como religión, egoísmo
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