SECCIÓN / Yoel Pérez Marcano-yoelpmarcano@yahoo.com


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Por: Yoel Pérez Marcano La muy estrecha victoria electoral de Francois Hollande, del Partido Socialista Francés, PSF, sobre el neogaullista Nicolás Sarkozy, de la Unificación para un Movimiento Popular, UMP, no resuelve sino que, antes por el contrario confirma, la continuidad de la crisis política abierta en la Quinta República Francesa, como consecuencia de los efectos telúricos que sobre la quinta economía del planeta ha provocado la crisis general de sistema capitalista mundial y, en particular, el estado generalizado de desastre en que se encuentra la economía de la Unión Europea, por cuanto no se ha producido un claro mandato en favor de un nuevo liderazgo políticamente diferenciado del período de gobierno de Sarkozy y, por que, roto el bipartidismo socialista-gaullista, irrumpieron viejas y nuevas fuerzas desde la derecha y la izquierda, que competirán en la calle y en el parlamento, para imponerle a los principales partidos y, especialmente, al presidente Francois Hollande, una interlocución política poco común en un país tradicionalmente presidencialista. La Francia burguesa, colonialista y atlantista derrotó a Nicolás Sarkozy, por desprecio a un presidente pendenciero y vedetista que se puso a la cola de la Canciller alemana Angela Merkell, en sus planes de desmonte de la soberanía francesa en materia económica y el Estado de Bienestar conquistado por los trabajadores en el siglo XX; con el fin de intentar solucionar la profunda crisis de la burguesía financiera global, subordinándose a las decisiones políticas y militares de los Estados Unidos de América, socavando el tradicional liderazgo de Francia en los asuntos mundiales y particularmente europeo, lo cual ha reducido las posibilidades de desarrollar nuevas alianzas internacionales que le permita a Francia superar los problemas estructurales de su economía, afectadas por la pérdida de mercados y el aumento de una tasa de paro cercana al 10% de su fuerza laboral. La derrota de Sarkozy, que sigue a la de Papandreu en Grecia, Berlusconi en Italia, Sócrates en Portugal, Rodríguez Zapatero en España y Arhen en Irlanda, profundiza la crisis de gobernabilidad en la Unión Europea al romperse el eje hegemónico Sarkozy-Merkell, obligando a las elites políticas, las burocracias comunitarias y a la burguesía financiera de los Estado Europeos, a la búsqueda de un nuevo consenso que permita incorporar a la ecuación del salvatage económico, las premisas de crecimiento y seguridad social, como garantías de cohesión y paz social y de la legitimidad de los liderazgos que vienen suplantando a quienes personificaron la actual crisis económica y sus efectos destructores del Estado de Bienestar. Hollande, pretende asumir la difícil tarea de liderizar la construcción de ese nuevo consenso, careciendo del mandato claro y firme del electorado francés, que sigue mirando con desconfianza a un Partido Socialista que se caracterizó por una conducta de “solidaridad distante” durante el quinquenio de Sarkozy y, con una situación económica y financiera que condujo a la rebaja de la calificación de riesgo-país de la República Francesa, lo cual la mantiene en una situación muy comprometida de su estado financiero, ante el crecimiento del déficit público y la crisis de sus principales bancos, afectados por la situación de quiebra financiera de Grecia, Italia, España, Portugal e Irlanda. Reactivar la economía francesa en medio de un mercado europeo y mundial contraído por la crisis y con ventajas competitivas de la República Popular China y sus socios BRICS, equilibrar sus cuentas públicas teniendo como ofertas electorales restablecer los 60 años de edad de jubilación y el impuso a la educación pública y al empleo joven y, darle empleo estable y de calidad a los cuatro millones de desempleados, no parece ser una tarea posible de alcanzar por el debilitado gobierno de Francois Hollande quien, todo parece indicar que no conseguirá una mayoría parlamentaria propia en los próximas elecciones de junio, obligándose a pactar acuerdo con grupos sociales y políticos que exigirán decisiones que terminarán por hundir en la contradicción permanente su gobierno. Solo una victoria socialdemócrata-verde en Alemania en las elecciones del 2013 y un acuerdo financiero de la Unión Europea con China, hará posible que la oferta de “Pacto para el Crecimiento”, presentada por Hollande y el PS Francés a su electorado, pueda tener visos de viabilidad y efectos positivos en el mediano plazo de la difícil realidad económica y social francesa y, siempre y cuando, el sionismo israelí y los “halcones” del gobierno de Barack Obama, no decidan abrir otro frente de guerra en el Golfo Arábigo-Pérsico porque, en tal caso, la República Francesa y toda la Unión Europea, sufrirá los rigores de una guerra sin victoria, que hundirá aún más la debilitada economía francesa y abrirá otros escenarios de confrontación social y política.
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