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Opinión
Fiesta o pelea de los trabajadores en el 10 de mayo

SECCIÓN / Wilkie Delgado - wilkie@sierra.scu.sld.cu



Un acto justo y un apremio ético sobre los 5 esperan al final del mandato de Obama

Los 5 en 5 prisiones federales de EE.UU

Cuba: lo que estaba por hacer en la salud, está hecho por la revolución cubana

``Dónde arribará la cumbre que avanza por el cauce de un mismo río``

Los hijos de los 5 han sufrido el castigo de la injusticia norteamericana

Madres y esposas de los 5 en larga y angustiosa espera





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Por:Wilkie Delgado Correa


Como dijera Engel, uno de los mártires de Chicago: “Este mundo no me
parece justo; y yo he batallado, y batallo ahora con morir, para crear un
mundo justo”
Se viven tiempos complejos en el mundo porque la crisis económica que
afecta a los países capitalistas más desarrollados, con su propagación
correspondiente a los países más pobres, está poniendo en la picota
pública a un sistema neoliberal que lanza a la penuria a millones de
personas que cada vez más despiertan del sueño de bienestar perdurable y
experimentan la pesadilla atroz de sentirse como derelictos en un medio
donde los ricos prosiguen acumulando, en forma egoísta y rapaz, las
riquezas que se niegan a compartir con los que representan la mayoría de
los pueblos.
Los indignados en todas partes, por unas u otras razones, se manifiestan
contrarios al sistema actual de opresión y exclusión. Son bastantes y se
expresan con fuerza creciente en comparación con épocas pasadas. Sin
embargo, quizás todavía no se manifiestan todos los que realmente están
inconformes con las reglas prevalecientes en esas sociedades, y, mucho
menos, alcanzan a comprender con toda claridad las causas profundas que
determinan que la dictadura establecida por las plutocracias nacionales e
internacionales prosiga ejerciendo la expoliación más despiadada,
edulcorando una realidad tétrica con parafernalias electoreras, desfiles
carnavalescos de democracia y hechizos de promesas irrealizables. Y falta
mucho más, cómo concertar los medios de unir las fuerzas para que esa gran
mayoría logre arrebatar el poder a esa minoría plutocrática.
Es sintomático a este respecto, que la reacción de lucha se manifieste en
un país como los Estados Unidos, donde se espera que miles de
trabajadores, estudiantes, inmigrantes y desempleados, y otros sectores
inconformes con el actual estado de las cosas en el país, desfilarán en
protesta y promoverán huelgas en 115 ciudades el primero de mayo, que es
un día laboral normal, a pesar de que la celebración internacional de esa
fecha como día de los trabajadores tuvo su origen en los trágicos
acontecimientos ocurridos en Chicago en el siglo XIX.
Se conoce que en la mayor parte del mundo donde se conmemora esta
efemérides, los trabajadores marchan esgrimiendo sus banderas y gritan con
voces y pancartas sus reivindicaciones sociales y políticas, esas que han
sido desoídas y preteridas en sus respectivas sociedades, en actos que
recuerdan en espíritu a aquellos mártires de Chicago que fueron inmolados
por la injusticia norteamericana, acusados y condenados a la pena capital
por un crimen que no cometieron, y en cuyo honor y vindicación de acordó
conmemorar en 1890 esta fecha representativa de las luchas obreras, por el
Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París
en 1889..
Estos sindicalistas anarquistas fueron ejecutados en Estados Unidos por su
participación en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada
laboral de ocho horas, que tuvieron su origen en la huelga iniciada el 1
de mayo de 1886 y su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la
Revuelta de Haymarket. En la actualidad es una fiesta reivindicativa de
los derechos de los trabajadores en sentido general y se celebra en muchos
de los países. Curiosamente, como hemos dicho, en los Estados Unidos no se
celebra esta conmemoración y es un día laboral normal. Se conculca así una
verdad histórica y se le escamotea al pueblo norteamericano la posibilidad
de rendir tributo a quienes lo merecen.
Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de
8 horas. El hacer valer la máxima: «ocho horas para el trabajo, ocho horas
para el sueño y ocho horas para la casa».
La Federación Estadounidense del Trabajo, inicialmente socialista,  había
resuelto, en su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, que
desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo
debería ser de ocho horas, yéndose a la huelga si no se obtenía esta
reivindicación y recomendándose a todas las uniones sindicales que
tratasen de hacer promulgar leyes en ese sentido en sus jurisdicciones.
Esta resolución despertó el interés de las organizaciones, que veían la
posibilidad de obtener mayor cantidad de puestos de trabajo con la jornada
de ocho horas, reduciendo el paro
El 1° de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga mientras
que otros 200.000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.
Desde  aquel acontecimiento ocurrido el 1 de mayo de 1886, que terminó
siendo aciago durante los días 2, 3 y 4, pocas cosas esenciales han
cambiado en los países sometidos al capitalismo salvaje. Si la huelga fue
el instrumento esgrimido por los trabajadores norteamericanos y los
mártires de Chicago, con un saldo de muerte para sus protagonistas, aún
hoy las noticias jalonan los derroteros de la clase obrera en procura de
justicia y equidad.
Como expresara José Martí el 15 de abril de 1887, “no es esta o aquella
huelga particular lo que importa, sino la condición social que a todas las
engendra”; “menos huelgas habría o durarían menos, si los que las provocan
por su injusticia no agravaran las razones de ellas con sus aires altivos,
o con alardes de fuerza que enconan la herida de los que ya están cansados
de ver ejercitada sobre ellos la fuerza ajena, y entran en el conocimiento
y voluntad de su propia fuerza”; y “las huelgas son justas cuando se
apoyan en un derecho claro” y es un “sistema justo…salvador y necesario
cuando se usa para rechazar exageradas exigencias de los capitalistas”.
Martí, cronista esclarecido de aquel acontecimiento, en su artículo “Un
drama terrible”, reflejó los verdaderos móviles de la infausta decisión de
los tribunales al condenar a la pena capital a cinco inocentes, acusados
de provocar la explosión que causó la muerte de varias personas, entre
ellas siete policías, y de cuya participación nunca se obtuvieron pruebas
determinantes. Fue un largo proceso judicial. “Treinta y seis días tardó
el jurado en formarse”, según relató Martí. “Novecientos ochenta y un
jurado hubo que examinar para reunir doce. Reunidos al fin, siguió por
todo un mes la sombría vista”. Al final se produjo el veredicto de
culpables, y la condena de pena capital.
Y era que los Estados Unidos de su época, según Martí, “por el culto
desmedido a la riqueza, ha caído, sin ninguna de las trabas de la
tradición, en la desigualdad, injusticia y violencia de los países
monárquicos”. “De una apacible aldea pasmosa se convirtió la república en
una monarquía disimulada”. Por eso entendía la reacción desesperada de las
clases pobres: “¿Quién que sufre de los males humanos, por muy enfrenada
que tenga la razón, no siente que se le inflama y extravía cuando ve de
cerca, como si le abofeteasen, como si lo cubriesen de lodo, como si le
manchasen de sangre las manos, una de esas miserias sociales que bien
pueden mantener en estado de constante locura a los que ven podrirse en
ellas a sus hijos y a sus mujeres”?
Por eso pensaba que “…para medir todo lo profundo de la desesperación del
hombre, es necesario ver si el espanto que suele en calma preparar supera
a aquel contra el que, con furor de siglos, se levanta indignado…” “El
obrero, que es hombre y aspira, resiste, con la sabiduría de la
naturaleza, la idea de un mundo donde queda aniquilado el hombre…” “¡Quien
quiera saber si lo que pedían era justo, venga aquí; véalos volver, como
bueyes tundidos, a sus moradas inmundas, ya negra la noche; véalos venir
de sus tugurios distantes, tiritando los hombres, despeinadas y lívidas
las mujeres, cuando aún no ha cesado de reposar el mismo sol!”
Ante la realidad norteamericana de aquella época, Martí advertía: “Los
pueblos, como los médicos, han de preferir prever la enfermedad, o curarla
en sus raíces, a dejar que florezca en toda su pujanza, para combatir el
mal desenvuelto por su propia culpa, con métodos sangrientos y
desesperados”.
Para mayor elocuencia en el relato, Martí se hace eco de las palabras de
uno de los condenados, Engel, antes de morir: “¿Temblar porque me han
vencido aquellos a quienes hubiera yo querido vencer? Este mundo no me
parece justo; y yo he batallado, y batallo ahora con morir, para crear un
mundo justo. ¿Qué me importa que mi muerte sea un asesinato judicial?
¿Cabe en un hombre que ha abrazado una causa tan gloriosa como la nuestra
desear vivir cuando puede morir por ella?”
Así ocurrieron aquellos sucesos de Chicago y se selló la suerte de
aquellos mártires cuyos cortejos fúnebres, en su día,  fueron acompañados
de cientos de sus compañeros y partidarios. Ellos fueron: Georg Engel,
alemán, 50 años, tipógrafo; Adolf Fischer, alemán, 30 años, periodista;,
Albert Parsons, estadounidense, 39 años, periodista,  se entregó para
estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente; Hessois Auguste Spies,
alemán, 31 años, periodista; Louis Linng, alemán, 22 años, carpintero.
Este último para no ser ejecutado, se suicidó en su propia celda.
Retomando el origen primigenio de las luchas obreras y las represiones,
que se han sucedido desde siglos hasta nuestros días, cabe afirmar que
para la reflexión profunda de Martí quedaba claro que el egoísmo era el
sustrato de los males sociales que inquietaban y alborotaban a los
trabajadores, y éste prosigue siéndolo en la época contemporánea. Es que
la riqueza desmedida engendra “ese culto general a la riqueza, pagado por
todos, trae a todos ofuscados. El hombre cree, en engaño, que su
principal, si no su único objeto en la tierra, es acumular una fortuna. Y
le parece que toda otra dedicación que no sea la egoísta es una mala
acción, muy censurable”.
Esa es la filosofía que impregna y emponzoña el alma de los ciudadanos en
el capitalismo, que flota como una herencia perniciosa e irradia hacia
todas partes; y es que, como expresara el Maestro, “las riquezas injustas;
las riquezas que se arman contra la libertad, y la corrompen; las riquezas
que excitan la ira de los necesitados, de los defraudados, vienen siempre
del goce de un privilegio sobre las propiedades naturales, sobre los
elementos, sobre el agua y la tierra, que sólo pueden pertenecer, a modo
de depósito, al que saque mayor provecho de ellos para bienestar común.
Con el trabajo honrado jamás se acumulan esas fortunas insolentes”.
Y es que las sociedades presididas por el gran capital, a pesar de su
evolución de siglos y sus variantes alcanzadas y desarrolladas hasta la
actualidad, son en esencia autoritarias y antidemocráticas, aunque se
vistan de seda, pues como expresara Martí visionariamente “…sociedad
autoritaria es, por supuesto, aquella basada en el concepto, sincero o
fingido, de la desigualdad humana, en la que se exige el cumplimiento de
los deberes sociales  a aquellos a quienes se niegan los derechos, en
beneficio principal del poder y placer de los que se los niegan: mero
resto del estado bárbaro”.
Y Martí, oteando el horizonte desde su atalaya en el siglo XIX, barruntaba
que “…se viene encima, amasado por los trabajadores, un universo nuevo”,
pues analizaba que “...cada hecho de que un trabajador sufre es
consecuencia ordenada de un sistema que lo maltrata por igual a todos y
que es traición de una parte de ellos negarse a cooperar a la obra pujante
e idéntica de todos”.
Por eso, pudo evaluar, tal vez con un atisbo luminoso adelantado, que
“Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y
despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los
puntales rotos…”. Ante su muerte, expresó con rotundez admirable: “Como se
puso del lado de los débiles, merece honor”.
Por todas las razones apuntadas, cuando los noticieros de todo el mundo
reflejen las noticias, si lo hicieran con objetividad y honestidad, de las
conmemoraciones de este primero de mayo en los países del mundo, se podrá
comprobar hasta dónde se ha avanzado en la satisfacción de las clases
trabajadoras en dichas sociedades, cuáles son sus reclamos y
reivindicaciones más sensibles y urgentes, tanto nacionales como
universales,  y, por supuesto, cuál es la comunión de intereses con sus
gobernantes. Porque en fin, la fiesta o la pelea dependerán del modo y la
medida en se han convertido en realidad las aspiraciones de los
trabajadores en la sociedad en que viven, trabajan, luchan y sueñan.
En Cuba, la nación hoy más calumniada del mundo por la prensa y los
personajes más cavernarios del planeta, ya verán cómo son las cosas
realmente, y se podrá constar que los festejos por el Día Internacional de
los Trabajadores se corresponden con el carácter socialista de la
revolución y la sociedad que se proclamó el 16 de abril de 1961,
precisamente un día antes de que los Estados Unidos, con su invasión
mercenaria por Girón, quisiera destruirla con plomo y fuego.
Así que después de más de 53 años del triunfo de la revolución de los
humildes, por los humildes y para los humildes, nadie se extrañe que los
cubanos celebremos esta fecha con la misma convicción que tuviera José
Martí, nuestro Héroe Nacional, cuando escribiera en carta a un coetáneo
que “el obrero no es un ser inferior, ni se ha de tender a tenerlo en
corrales y gobernarlo con la pica, sino en abrirle, de hermano a hermano,
las consideraciones y derechos que aseguran en los pueblos la paz y la
felicidad”, y que, años después, en su cuaderno de apuntes escribiera lo
que forma parte de la esencia de este mar de pueblo que inundará a Cuba de
un confín a otro. “A la felicidad del obrero se va por la felicidad de la
patria; al obrero feliz se va por la patria feliz”.
Una vez más la plaza de la Revolución en La Habana y las plazas de las
ciudades grandes y pequeñas, así como las de los poblados de todo el país,
se inundarán de pueblo, y un verdadero mar de gente desfilará con energías
y entusiasmos increíbles, verdadera maravilla propia de una patria
socialista, para festejar una fiesta convertida en compromiso histórico:
el Día Internacional de los Trabajadores. Y habrá un reclamo inmenso, ya
que hay una razón para ello, y es el de la libertad de los 5 Héroes
cubanos presos injustamente en los Estados Unidos por sus luchas
antiterroristas y, por supuesto, que esa potencia cese el criminal bloqueo
que ha impuesto a Cuba por más de medio siglo.

 



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Actualizado cada 6 horas

Fecha: 29/04/2012


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