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Opinión
Europa, crisis y liderazgos
SECCIÓN / Yoel Pérez Marcano-yoelpmarcano@yahoo.com


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Por: Yoel Pérez Marcano La crisis global abierta a finales del año 2007 en los Estados Unidos de América, como consecuencia del desplome del especulativo y delincuencial comportamientos de la banca, las empresas de seguros y reaseguros y los fondos de inversión, no solo ha supuesto un proceso expansivo que ha afectado al sistema Capitalista en todo el planeta, sino que también, como era inevitable, ha tenido importantes consecuencias en el plano de los liderazgos políticos en el continente europeo; centro fundamental de los efectos destructivos de la presente crisis. Cuando los países que integran la Unión Europea no habían terminado de salir en el añ0 2008 de la crisis política e institucional creada por el frustrado proceso de aprobación de su Constitución General, obligando a fabricar un “Pacto de Elites” gobernantes para acordar un proceso de aprobación al margen de la voluntad popular, se abatió sobre su aparentemente sólidas economías una secuencia de sismos derivados de la ola expansiva del terremoto financiero provocado por la quiebra de los grandes bancos de los Estados Unidos que no le daba márgenes de maniobra, por cuanto su antiguo aliado, los Estados Unidos, no estaba dispuesto a ayudarlos, al precio de la profundización de su propia crisis y sus competidores de las economías emergentes – el grupo BRICS – veían de lejos la “agonía del enfermo”, esperando ayudar a salvarlo en condiciones ventajosas para sus economías y propósitos políticos estratégicos. Los efectos de la presente crisis en importantes países de la Unión Europea han mostrado las debilidades de un proceso de integración europea, que solo puede ser calificado como socialmente inequitativo, económicamente desigual y políticamente antidemocrático, caracterizado por la decisión de las elites gobernantes de cargar sobre los salarios, las pensiones y los servicios sociales de los trabajadores y demás sectores populares el enorme peso de los intentos de salvación del Capital, imponerle a los países más afectados condiciones usureras de tiempo e intereses para el pago de la sobre-deuda acordada y, lo que es particularmente grave para la concepción liberal tradicional de los Estados de Europa, la reducción de la soberanía política y económica de los países afectados, al someter sus decisiones políticas, económicas y sociales a la vigilancia y aprobación del Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, so pena de no recibir la agiotista “ayuda” financiera. Las dramáticas consecuencias políticas de la actual crisis económica en la Unión Europea, se muestra en los importantes cambios en la dirección de los gobiernos, una por destituciones parlamentarias impuestas por el BCE y el FMI, como condición para firmar los acuerdos de salvatage financiero, (Papandreu en Grecia y Berlusconi en Italia), otras por renuncias forzadas, (Sócrates en Portugal) y las otras mediante procesos eleccionarios que le dieron – en todos los casos – victorias a los partidos de la oposición, (Rodriguez Zapero en España e Arhens en Irlanda); países todos sumidos en una crisis - para algunos calificadas de pre-revolucionaria - solo controlada por la ausencia de un liderazgo social y político alternativo capaz de unificar a los trabajadores y a las capaz medias productivas, en la defensa de sus derechos sociales frente al programa de hambre y represión de los agentes políticos del Gran Capital. Sin embargo, las elecciones en la República Francesa, con cuatro millones de desempleados y un plan anti-crisis profundamente antipopular, constituye la mayor escenario europeo de la confrontación entre las opciones del Gran Capital Financiero y las alternativas populares y clasistas para enfrentar la actual crisis en la quinta economía más importante del planeta, en donde Nicolás Zarkossy, verdugo de Grecia, asesino de Libia y agente destacado del la Gran Burguesía francesa y del Gran Capital financiero internacional, podría ser derrotado por un emergente movimiento popular y clasista dispuesto a votar el programa social-reformista del candidato del Partido Socialista Frances, Francois Hollande y la propuesta del líder de la izquierda social Jean-Luc Mélenche. La relativa baja cobertura que las corporaciones mediáticas capitalista dan a las elecciones francesas, no demuestran desinterés en sus resultados; antes por el contrario, evidencian la preocupación por la posibilidad de la derrota de Sarkozy, lo cual supondría un importante giro en la estrategia económica anti-crisis sostenida desde el Banco Central Europeo, dado el declarado acento social del programa de Hollande y, aun más, del líder de la izquierda radical, Mélenche quien, mediante acuerdos programáticos con el candidato socialista sería determinante en su posible victoria en la segunda vuelta electoral; resultados que, inevitablemente, tendrían efectos expansivos y telúricos en el conjunto de los países integrantes de la Unión Europea, en incluso, al otro lado del océano Atlántico. Sin duda, los partidos de la burguesía europea, de la visión atlantista de la reconquista del planeta y la imposición de la economía global de los monopolios financieros y la industria armamentista, todavía disponen de fuerza política e institucional que les permite seguir direccionando políticas anticrisis favorables a sus intereses pero, el agotamiento de su discurso, los efectos sociales altamente destructivos de sus políticas de ajuste económico y, la insurgencia del movimiento social meta-institucional, permite considerar un escenario altamente conflictivo en la Unión Europea que podría modificar, en ésta misma década, su mapa político del siglo XXI, incluyendo la propia existencia de la Unión Europea del Capital.
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