
Iginia Hernández es una tejedora del pueblo Warao que desde hace 6 años mantiene contacto con la Fundación Red de Arte. Ella cuenta como anécdota que elaboró su primera cesta a los 8 años de edad, en la actualidad tiene 66 y, hasta el momento mantiene sus diseños ancestrales en fibra de moriche y bora; esta última, es una planta que flota sobre los ríos y los caños para la confección de cestas, paneras, sandalias, sombreros, pulseras, zarcillos y frescas hamacas.
“Justo antes del alba, las madres waraos toman este momento para iniciar la enseñanza de sus niños, como una manera de contarles la creación del pueblo Warao, es el momento cuando se cuentan historias; cuando los árboles, la tierra, la brisa hablaban al principio del mundo y ésta es una creencia, es una enseñanza que viene de generación en generación” con estas sencillas palabras Iginia explica “koforamuna e'la mina” voz indígena que significa: “La enseñanza de las estrellas en la mañana”.
El moriche, es la materia prima empleada para la cestería del pueblo Warao, fibra natural obtenida del cogollo tierno de la palma, cuya variedad de tonos son logrados por tintes naturales como el onoto para el color rojo y, otros que se encuentran en el pigmento de otras semillas, tales como el jocumono (azul), la concha del mangle raspada para lograr el marrón intenso y diferentes frutas que se encuentran en la montaña (concha y pulpa) que sólo conocen las mujeres y hombres de mayor edad.
Comentó Hernández que “el inicio del tejido de la cesta de moriche está en la base, luego se da forma al cuerpo y se cierra con el diseño de la tapa”; las formas geométricas como cuadrado, triángulo, círculos, espirales se emplean para representar la naturaleza. Además de diversos utensilios para la cocina tradicional, como la Wapa que son elaborados en fibra de tirite (moriche) que se usa para cenir el almidón de yuca y hacer la masa para las tortas de gruma, para la recolección de frutos y otros alimentos producto de la caza.
Finalmente Iginia Hernández nos deja como mensaje que “es conveniente que la nueva generación tome un poquito de conciencia, primero por el compromiso con la madre naturaleza de sembrar la materia prima y mantener el equilibrio de lo que 'la pachamama' nos deja y, que en Venezuela se está llevando adelante la revolución y hay que ir a ese paso, sin perder la espiritualidad y la esencia de lo que es nuestro”.
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